Poema "Espigas" - Federico García Lorca
El trigal se ha entregado a la muerte.
Ya las hoces cortan
las espigas.
Cabecean los chopos
hablando
con el alma sutil de la brisa.
El trigal sólo quiere silencio.
Se cuajó con el sol,
y suspira
por el amplio
elemento en que moran
los ensueños
despiertos. El día.
ya maduro de luz y
sonido,
por los montes azules
declina.
¿Qué misterioso
pensamiento
conmueve a las
espigas?
¿Qué ritmo de
tristeza soñadora
los trigales
agita...?
¡Parecen las espigas viejos pájaros
que no pueden volar!
Son cabecitas,
que tienen el cerebro
de oro puro
y expresiones
tranquilas.
Todas piensan lo mismo,
todas llevan
un secreto profundo
que meditan.
Arrancan a la tierra
su oro vivo
y cual dulces abejas
del sol, liban
el rayo abrasador con
que se visten
para formar el alma
de la harina.
¡Oh, qué alegre tristeza me causáis,
dulcísimas espigas!
Venís de las edades
más profundas,
cantasteis en la
Biblia,
y tocáis cuando os
rozan los silencios
un concierto de
liras.
Brotáis para alimento de los hombres.
¡Pero mirad las
blancas margaritas
y los lirios que
nacen porque sí
¡Momias de oro sobre
las campiñas!
La flor silvestre
nace para el sueño
y vosotras nacéis
para la vida.


























